Un negocio a tiro de cuerda – Inspiración
Todo no está inventado, y casi todo puede ser reiventado, así lo demostró un empresario de Coín que reinventó el trompo y vende en todo el mundo más de un millón de unidades de un nuevo modelo patentado por él mismo.
EN pleno reino de las videoconsolas y con las muñecas prácticamente robotizadas, no faltaron quienes tildaron a Juan Jiménez de insensato cuando a finales de la década pasada dio a conocer su idea de negocio para adentrarse en el mundo de los juguetes. Después de 20 años dedicado a la venta de mármol, este empresario de Coín paseaba por Churriana cuando observó una escena que le trajo en seguida a la mente recuerdos de su infancia. A los pocos segundos de ver a un niño bailando un viejo trompo en la calle se le ocurrió reinventarlo, perfeccionarlo y adaptarlo a los nuevos tiempos, miles de años después de que romanos o egipcios hicieran bailar sus primitivas peonzas en las calles del mundo antiguo.
El resultado fue Trompo World, una marca propia con la que afirma haber comercializado más de un millón de unidades por todo el mundo. Para ello, se ayuda de los acuerdos que tiene su empresa (Leisure Sports Coín S. L.) con agentes comerciales en Europa y América. «Sobre un 60% se vende en España y el resto en países como Francia, Reino Unido, Canadá, Australia y Sudamérica», comenta Juan Jiménez.
No en vano, este empresario con olfato para los negocios presume de ser el poseedor de la patente de un juguete con siglos de historia y con el que se han divertido países enteros durante generaciones. Su trompo, del que tiene modelos en cuatro colores (azul, rojo, amarillo y verde), posee notables diferencias con aquel artilugio de madera y punta metálica. Así, está elaborado en una pieza única de plástico casi irrompible, con estrías para mejorar el agarre de la cuerda y una punta más chata que lo hace más fácil de bailar. Además, está en parte hueco, lo que le proporciona un mejor equilibrio.
«Es un juguete renovado y que está acorde con todas las normativas de la Unión Europea», explica Jiménez, quien posee la patente de su ‘invento’ desde 1996, aunque no empezó a comercializarlo hasta casi dos años después. En la parte superior del trompo ha reservado incluso un espacio circular para incluir el logotipo de cualquier empresa o marca a modo de publicidad.
En venta permanente
Juan Jiménez comercializa su producto en cajas de cien unidades que adquieren mayoristas o establecimientos como El Corte Inglés o Toys ‘R’ Us, que luego suelen venderlos individualmente a unos tres euros. Pese a todo, admite que el negocio funciona por temporadas y hay épocas en las que recibe más pedidos que otras. Así, en la actualidad tiene unas 100.000 unidades en ’stock’, aunque no se preocupa, mostrándose seguro de que el trompo nunca pasará de moda. «Los juguetes son algo cíclico. Son las propias jugueterías las que ponen de moda uno u otro producto según quieran y luego los van recuperando», indica Jiménez para añadir que los niños serán siempre «compradores compulsivos». «Ven una cosa y en seguida la quieren», sentencia.
Tal vez buscando ponerlos otra vez boga, recientemente donó unos 5.000 trompos al Ayuntamiento de Coín, que a su vez se encargó de repartirlos por los colegios del municipio. Por eso, puede que pronto vuelvan a verse muchas peonzas bailando en las aceras de las ciudades.
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