El emprendedor que no le teme a la libertad.
Por: Gisela Mancuso
Si un emprendimiento nos enjaula en su costumbre, habituándonos a la practica de una regla de conducta que nos hace girar como un trompo en el lugar, los emprendedores sabemos que, aunque llevará un tiempo de reflexión y valentía, podemos generar un cambio que nos haga sentir libres.
La libertad no consiste en hacer todo lo que deseamos, pero tampoco es libre quien cree que lo mejor y lo único posible es ese hábito al que retroalimenta, inhibiendo su posibilidad de crecer.
Porque los emprendedores sabemos que si la jaula se abre, afuera está la libertad de proyectarnos con todos nuestro potencial. Si escuchamos las voces nítidas de nuestro corazón, y no ignoramos lo que nos dicta, no regresaremos a “lo mejor” que nos hacía sentir un poco menos vivos.
Porque, no hay caso, la razón puede trabajar perfectamente y, hasta construir una permanente infidelidad contra nosotros, pero si nos atrevemos a sentir que la jaula, inmensamente más grande que aquella en la que estábamos encerrados, es la superficie infinita del aire, tal vez una emoción nos haga actuar el cambio, y un suspiro nos devuelva nuestra identidad.
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Comments
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Antonio said on September 24th, 2006 at 7:01 am:
Hola:
Se hace necesario definir un espacio en el cual se puede actuar con independencia y libertad y en el cual se pueda dar un desarrollo humano.
Vivir significa estar limitado, los límites forman parte de la vida, que están ahí para proteger la vida y las ocupaciones de todos. Nuestro propio cuerpo está protegido del exterior por la piel. Los límites son siempre dolorosos y forman parte de la vida.
Apenas existen entornos adecuados para el desarrollo sano de los seres humanos, lugares como las carreteras y sus vehículos, fábricas y oficinas para desarrollar un trabajo del que no nos sentimos complacidos, hospitales masificados donde somos la enfermedad que padecemos, barriadas sin el calor del sol.
Vivimos en una sociedad donde se valora más la adaptación que la consideración de personas en desarrollo. El poder de los más fuertes sobre los más débiles, y la lucha por obtener las mejores oportunidades.
Hemos experimentado los límites como medio de coacción para hacer o dejar de hacer según lo que otros esperaban de nosotros. Debemos olvidar el significado de los límites han tenido en nuestra tradición cristiana: prohibiciones, advertencias, amenazas, requerimientos para respetar los derechos de los demás, llamadas a nuestro ‘yo’ mejor.
A veces se inventan límites porque se está convencido de que ejercen una influencia positiva en el desarrollo, pero si los límites no son realmente necesarios y se erigen únicamente para obtener determinados resultados tienen resultados demoledores ya que no se respetan los auténticos procesos vitales.
Nadie se comporta ‘mal’ (no percibir los límites o menospreciarlos) cuando se siente bien. En la realidad debe haber límites para nosotros cuyo objeto es que podamos sentir cierto ‘orden’. Los límites y las normas se aplican y están vigentes en la convivencia social de toda cultura.
La alegría de vivir debe impregnar las relaciones con nosotros mismos y con los demás, nuevas formas de relacionarse para compartir, cooperar y respetarse mutuamente.
Libertad y límites están íntimamente relacionados con dos conceptos: ‘amor’ y ‘respeto’.
saludos
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