Un estudio sobre el comportamiento humano ante el dinero

Para empezar, el término “behavioural financeâ€? (o “behavioural economicsâ€?, según otros expertos), es una rama de estudio que se encarga de combinar conocimientos tanto de finanzas como de psicologÃa para explicar por qué y cómo algunas personas toman decisiones irracionales e ilógicas a la hora de gastar, ahorrar, invertir y pedir dinero.
Su base es que, al contrario de lo que digan los economistas más puros, la gente –hasta los que se creen más inteligentes- en cuanto a las finanzas (particularmente a “sus� finanzas), reacciona de todo menos racionalmente. Más adelante veremos un puñado de ejemplos y veamos si alguien se siente identificado (¡no vale señalar con el dedo al de al lado!).
El tema es de importancia vital para el “tradingâ€?, puesto que en muchas ocasiones somos testigos de hechos en el mercado cuando un valor muestra una cotización muy diferente a su valoración por “fundamentalesâ€? (en estas situaciones es justo cuando los analistas de la tele empiezan a poner cara de poker y comienzan con el tÃpico: “bueno…â€?, “hhhmmm… pero si te fijas…â€?, “parece ser que… etc.â€?).
NO HAY QUE OBSESIONARSE CON LOS FUNDAMENTALES
Por tanto, la conclusión es que saldremos mejor parados (o al menos menor escaldados) si no nos obsesionamos tanto con los fundamentales -y con ello, tener la preconcepción de que los inversores actúan de modo racional-, y centrarnos mas en intentar comprender la mentalidad y sentimiento de la gente en cada momento.
Pero… ¿y los inversores institucionales o “smart moneyâ€?? ¿No es verdad que el mercado lo mueven de esta categorÃa? ¿Y no es verdad que estos disponen de mejor y mayor información para tomar decisiones de modo racional? Lo cierto es que los inversores institucionales no son diferentes a los demás en cuanto a la manera de comportarse ante el dinero, “suâ€? dinero.
En primer lugar, hay que establecer dos tipos de inversores “smart money�:
1) los dueños o “núcleo duro� de una empresa, y
2) los inversores institucionales propiamente dicho.
INVERSORES “SMART MONEY”: LOS DUEÑOS
En cuanto a los primeros –los dueños de la empresa-, su vÃnculo con la compañÃa posee un elevadÃsimo componente emotivo, tal vez mucho más de lo aceptable desde el punto de vista del accionista minoritario.
La mayorÃa de estas empresas incluso pueden tratarse de empresas familiares y/o tradicionales donde en muchos casos el propio fundador o algún miembro de su clan se sienta en el consejo.
Eso provoca una especie de “gestión egoÃstaâ€? (por llamarlo de algún modo), donde se vela prioritariamente por los intereses de la familia propietaria que por los demás accionistas.
El ejemplo más tÃpico y dañino es cuando un valor está cayendo, los dueños siguen comprando y comprando tÃtulos de su propia compañÃa, por la sencilla razón de incrementar la mayorÃa de sus participaciones; independientemente de si dichos tÃtulos realmente valen de verdad.
Esto distorsiona muchÃsimo la visión sobre la empresa. Lo cierto además, es que por mucho que se diga que ahora las administraciones están profesionalizadas y que hay consejeros independientes, la verdad es que el peso de los primeros se hace notar.
Por una parte es completamente comprensible, pero por otro, intolerable para el pequeño accionista cuyo único objetivo es maximizar su capital. (Como opinión personal, es otro de los motivos del porqué prefiero mil veces invertir en futuros sobre Ãndices –Eurostoxx y Dax-, al estar menos expuestos a “asuntos familiaresâ€?).
INVERSORES “SMART MONEY: LOS INSTITUCIONALES
En cuanto a los inversores institucionales –gestores de fondos, analistas, consejeros de fondos… etc.- estos a son vÃctimas de la elevada competencia existente en su sector.
Cada año el gran océano de fondos y sus respectivos gestores son medidos, seguidos, observados y analizados de una forma tan exhaustiva que harÃa parecer al programa “Esta Cocina es un Infiernoâ€?, un juego de niños.
La carrera por ser el mejor fondo, y consecuentemente, el mejor gestor, es continuo. La rivalidad puede llegar a ser salvaje, sobre todo en los paÃses anglosajones, donde la industria está mucho más desarrollada, los inversores más preparados y por tanto, mucho más exigentes.
LAS LUCHAS ENTRE FONDOS
En este marco, por desgracia, la mayorÃa de los gestores –en especial los que pretenden hacerse un hueco en “el limbo de las estrellasâ€? (algo asà como los “galácticos de las finanzasâ€?)- caen en la tentación de mantener un “performanceâ€? o un “track recordâ€? por encima del mercado y de sus colegas/rivales.
¿Y esto qué provoca? Pues que para mantener un buen historial, necesita siempre operar con valores de moda, o al menos tener en su cartera aquellos que mas han subido (o bajado, si hace venta corto) en el periodo en cuestión. Dichos valores no tienen porqué ser necesariamente los mejores “por fundamentales�.
Por todo lo anterior, concluimos que más que por un lado el “smart money� tampoco constituye un buen ejemplo de “inversión racional�; y segundo, mucho mas importante, que en lugar de escuchar lo que dice (o se dice) del “smart money�, lo mejor es observar lo que realmente está haciendo.
LA IRRACIONALIDAD DEL GASTO EN NUESTRA VIDA COTIDIANA (LAS PROPINAS)
Pero volvamos al tema del “behavioural finance�, sus fundamentos y algunas de sus implicaciones en nuestra vida diaria.
¿Alguna vez alguien se ha preguntado por qué dejamos propina (bueno, no todos, pero la mayorÃa… ¿tampoco? Pues venga, algunos…)? A las personas nos gusta emplear normas sociales no escritas de modo subconsciente a la hora de interactuar con otros seres humanos, como una manera de hacer la vida más placentera.
Eso dicho, a nosotros, por ejemplo, nos encanta comer fuera, y deseamos que la experiencia fuera lo mas agradable posible.
Y esto lo saben los gerentes de los restaurantes, y por ello, en algún punto de la historia, se ha establecido como norma no escrita que los propios comensales serÃan los responsables de “financiarâ€? parte de los salarios de los camareros, para asà garantizar un servicio cuanto menos satisfactorio (aunque en algunos sitios existe cada ogro o cada cabeza-hueca que te hace plantearte si deberÃan imponer tests de inteligencia y de personalidad en las selecciones de personal).
Pero el problema de hoy en dÃa es que prácticamente todo el mundo da propinas sin pensar siquiera. Un estudio en Francia revela que un aplastante 71% da propinas porque se espera que lo hagan, mientras apenas un 13% lo hace dependiendo del servicio (por ello, cada vez que en un sitio te sirvan de pena, no le culpes al camarero, sino a todos los demás comensales anteriores que no se han negado a dejar propina por un servicio deplorable).
Esto supone un ejemplo claro de cómo la mayorÃa de los economistas tienen dificultades a la hora de integrar sus conceptos de racionalidad y consistencia, con los aspectos puramente humanos como la culpa, el miedo, la pena, compulsión, adicción, el ego, la presión del entorno… etc.
Éstos factores tienen mucha mayor presencia en los mercados de lo que muchos creen (o desearÃan creer).
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