Con el negocio junto a la cocina

Cada vez hay más hogares hispanos desde los cuales funcionan negocios familiares. Hace dos años Matilde Tremillo cerró su salón de belleza en un centro comercial y lo reinstaló en su casa. Estaba harta de la mensualidad de $1,000 y de los caprichos del dueño del local:
No quería que regara ni barriera la banqueta porque, según él, la estaba acabando.
Estoy en mi casa, donde puedo barrer y regar cuanto me dé la gana”, dijo. “Pero, más importante: sólo pago la hipoteca de mi casa.
Gala Beauty Salón opera en lo que antes era la cochera de la vivienda. Y con el dinero que se ha ahorrado en el alquiler compró más equipo y contrató empleados.
Tremillo admite que perdió un poco de clientela, porque no es lo mismo estar en un centro comercial, a la vista del público, que en un vecindario en el Northside.
Hoy su clientela depende mucho de referencias y de clientes frecuentes, y del anuncio azul colgado en el barandal de su casa. Sin embargo, Tremillo está contenta con la decisión. Sólo lamenta no haber puesto el negocio en el frente de la casa “para que más gente lo viera” en la calle Fulton.
De todos modos ella vive de su negocio. Además, produce para amortizar la deuda de la hipoteca de la casa.
Tremillo, originaria de Durango, México, no es la única con negocio en el hogar. Basta ir a calles de barrios como Magnolia, Northside, Spring Branch, Greenspoint y otros para encontrar talleres mecánicos, pastelerías, lotes de carros usados, agencias de viaje, salones de belleza, tiendas de piñatas, tiendas de deportes, notarías y oficinas de asesoría de impuestos, operando en casas.
Según Manuel R. González, director de un distrito en Houston de la Administración de Pequeños Negocios (SBA), “el número de empresas en el hogar ha aumentado desde 1999″.
Entre los años 2001 y 2005 la cantidad de préstamos de $50,000 o menos que figuran en los archivos del SBA pasó de 151 a 1,148.
La característica de estos préstamos de $50,000, o menos, es que en su mayoría son para personas que operan negocios en casa ya que con ese presupuesto sería muy complicado hacerlo en un centro comercial, señaló González.
Estos préstamos tienen una característica especial importante: el índice cada vez mayor de solicitudes de pequeños empresarios hispanos. En 2001 recibieron 177 préstamos; este año ya van 316.
González explicó que el crecimiento de pequeños negocios en los que de alguna manera está vinculada toda la familia, tuvo impulso importante después de que en 1999 entró en vigor el programa federal de créditos de fomento Community Express, que presta entre $5,000 y $250,000 a aspirantes a empresarios.
Muchos de estos negocios caseros son operados por mujeres. La mayoría de los préstamos otorgados en estos últimos años por la SBA han sido para empresarias principiantes, dijo González.
Pero no todos los negocios de este tipo buscan préstamos para comenzar a operar.
Por ejemplo, Juan Cedillo aprovechó la pequeña cochera de su casa y montó un taller de tapicería.
Originario de Nuevo Laredo, Cedillo lleva dos años reparando asientos de autos y muebles. Aunque admite que ha sido difícil, porque su casa está metida en un vecindario “medio escondido” en la calle Aldine Mail Route, sus clientes frecuentes y las referencias le han permitido sacar el proyecto adelante.
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