¿En què se parece un emprendedor a un jugador de poker?


El principiante de póquer se sienta a la mesa y mira con frialdad fingida sus cartas. Sabe que tiene una ventaja: no conoce el juego, los códigos, puede ser el amo del bluff inconsciente; sobre todo es algo irresponsable ante la fatalidad, el hecho de que algún jugador se va a llevar las fichas y existen muy pocas probabilidades de que el afortunado sea él. Vive la ilusión de la invencibilidad muchas veces hasta que la suerte le sonríe… ese primer día: suerte de novato.
El emprendedor sale a un mercado del que no siempre conoce las reglas. En su mano tiene la innovación, un proyecto que arrancó como afición y que sueña convertir en su forma de vida (la de quien “no tiene un empleo�, como ironizó alguna vez Ted Turner, inventor de la información en televisión en tiempo real). Le entra al juego, pésele a quien le pese. Compara su producto con la competencia, si acaso existe, –nadie es tan bueno–, reúne un equipo entre amigos y recomendados, saca el dinero de debajo de las piedras, sale a vender, y se ve en poco tiempo como magnate turístico o tecnológico, abriendo el Nasdaq o vendiendo su proyecto a Bill Gates.
Hay a quienes esta etapa les dura una mano. Los números no salen, un pedido elevado supera la capacidad de producción, el mercado se cae inesperadamente, la realidad empieza a golpear con la corrupción, los costos de la electricidad, la falta de financiamiento o el competidor gigantesco que no admite sombra y lo aplasta… La mesa se vacía y las fichas se concentran una tras otra en manos ajenas. Perdieron con par de reyes.
por Alberto Bello
Posted by Dane on September 1, 2005 | 0 Comments
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